Placenta baja o previa

Cuáles son sus síntomas y cómo afecta al parto
Embarazo / Salud La placenta baja es la que se inserta en la zona uterina cercana al orificio por donde saldrá el bebé en el momento del parto. No se conoce bien la causa por la que se produce, aunque hay una serie de mujeres que tiene más riesgo. El síntoma más frecuente es la hemorragia vaginal que en la mayoría de los casos cesa por si sola. Por Mar Fernández.

“Se estima que en 1 de cada 200 embarazos la placenta será de inserción baja”, apunta la Dra. Elena Pintado Paredes, ginecóloga del Hospital Universitario de Getafe, en Madrid. Existen dos tipos de placenta baja: no oclusiva, que permite el parto vaginal porque no tapona el orificio cervical; y la oclusiva, que tapona el orificio cervical y no permite el parto vaginal porque con la dilatación, al estar presente la placenta, sangraría abundantemente.
Las mujeres con más riesgo de placenta baja son: mamás con cicatrices en el útero (cesárea anterior); con legrados previos (suelen practicarse tras un aborto); mujeres mayores de 35 años; fumadoras; y mujeres de raza negra y asiática. “No se conoce muy bien la causa por la que se produce una placenta de inserción baja pero parece que se relaciona con alteraciones en el interior del útero, como cicatrices de cesáreas anteriores, legrados uterinos… Todos estos factores hacen que disminuya el número de zonas sanas del útero donde se puede insertar la placenta”, explica la especialista.

Síntomas y tratamiento de la placenta baja
El síntoma más frecuente que produce la placenta baja es la hemorragia de sangre roja, no dolorosa, que suele ceder espontáneamente. Cuando hay una hemorragia se debe acudir al servicio de urgencias, en estos casos el ginecólogo suele recomendar reposo, no cargar pesos y no tener relaciones sexuales. Con estos cuidados, por regla general, la hemorragia suele cesar y el embarazo se desarrolla sin problemas. Hay casos en los que la hemorragia no cede (los menos), entonces la mamá debe quedarse ingresada en el hospital. “Si la mujer embarazada sufre una hemorragia que no cede de forma espontánea, se realizará el ingreso hospitalario hasta que el episodio se controle. En casos excepcionales en los que el sangrado no cesa el paso siguiente sería terminar la gestación”, comenta la ginecóloga. También es importante señalar que algunas placentas bajas se solucionan por si solas con el paso del embarazo: a medida que el útero crece, la placenta asciende. “Aproximadamente 1/3 de las placentas de inserción baja diagnosticadas en el segundo trimestre de gestación ya no lo son en el tercer trimestre”, indica la especialista. 
Cuando la placenta tapona el orificio cervical interno por donde debe salir el bebé, se opta por la realización de una cesárea programada cuando el médico considere que el niño ha alcanzado la madurez suficiente. Asimismo, “existe un mayor número de partos pretérminos (antes de las 38 semanas) debido a que en ocasiones los sangrados son muy abundantes y hay que finalizar el embarazo. No obstante, la edad media del parto en estas pacientes está en 35 semanas de embarazo”, afirma la ginecóloga Elena Pintado. También es importante que las mamás sepan que el sangrado de la hemorragia es de origen materno, no fetal, por lo que el bebé no se ve afectado, salvo que la pérdida de sangre sea masiva.

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(21/10/2010)