La investigación, llevada a cabo con 1.101 niños de tres a seis años de siete colegios de Madrid, ha mostrado que más de la mitad de los niños de cinco y seis años que no comían bien alcanzaron los niveles de atención más bajos. El objetivo del estudio ha sido determinar si existían diferencias entre los niños ‘mal comedores’ y los que comían de manera saludable en cuanto a su atención, los niveles de irritabilidad de las familias y la ingesta nutricional de los niños. Para ello, los niños fueron clasificados en dos grupos: los “malos comedores” y los que comían de manera saludable.
La investigación, llevada a cabo con 1.101 niños de tres a seis años de siete colegios de Madrid, ha mostrado que más de la mitad de los niños de cinco y seis años que no comían bien alcanzaron los niveles de atención más bajos. El objetivo del estudio ha sido determinar si existían diferencias entre los niños ‘mal comedores’ y los que comían de manera saludable en cuanto a su atención, los niveles de irritabilidad de las familias y la ingesta nutricional de los niños. Para ello, los niños fueron clasificados en dos grupos: los “malos comedores” y los que comían de manera saludable. Los primeros ingerían menos de un 65 por ciento de las cantidades diarias recomendadas de entre 4 y 6 grupos de alimentos: carnes (que incluye huevos y pescado), verduras, frutas, lácteos, carbohidratos y legumbres. Los niños que puntuaron más bajo en los niveles de atención habían ingerido cantidades significativamente más bajas de alimentos del grupo de los lácteos y del grupo del pescado, la carne y los huevos que los niños que puntuaron más alto.
Por último, el estudio ha mostrado que existe una estrecha relación entre los malos hábitos alimentarios de los niños y el estrés de la familia a la hora de las comidas.








































